Historia del Pueblo Hebreo

 

Por Yosef Aharoni

 

Hoy día, entre los que hemos hecho teshuváh (retorno) hacia la fe hebrea, hay quienes se identifican con los Sefarditas (judíos provenientes de España principalmente); hay quienes se identifican con los Ashkenazitas (judíos provenientes de Alemania principalmente). Y en verdad ambas identificaciones son posibles y altamente probables.

Sin embargo hay otra identificación de la que pocos hablan. Es altamente probable también que muchos de nosotros no descendamos de los Sefarditas ni de los Ashkenazitas sino de las Diez Tribus “perdidas” de la Casa de Israel, algunas de las cuales emigraron a lo que es hoy España, antes de la emigración de los de la tribu de Judáh.

En última instancia, pero anterior a eso, todos estos sectores descendemos de las antiguas tribus hebreas que poblaban el oriente y el medio oriente desde Shem hasta los tiempos de la llamada “anfictionía hebrea.” Pienso que nos conviene hacer un poco de historia en busca de las raíces, no de un sector en particular sino de todo el pueblo de la promesa. Y ese resumen histórico tiene que comenzar con Shem, uno de los tres hijos de Nóaj.

Las Escrituras Hebreas, en el libro de Bereshít (el libro de los comienzos), nos informan que después del gran cataclismo mundial llamado el “Diluvio Universal,” los únicos habitantes humanos de este planeta eran ocho: Nóaj y su esposa, Shem y su esposa, Jam y su esposa, Yéfet y su esposa.

Si usted estudia el interesante mapa que ilustra el origen de las naciones, en el Diccionario Bíblico de W. W. Rand, podrá notar la siguiente distribución de los descendientes de los tres hijos de Nóaj:

Yéfet. Tuvo 7 hijos: Gómer, Magog, Madáy, Yawán, Tubal, Méshekh, y Tirás. Éstos se establecieron en lo que es hoy Europa y en parte de Asia. De éstos descendieron los siguientes pueblos: Cimerios, galos, celtas, ashkenazitas, armenios, los del cáucaso, medos, hindos primitivos, iónicos, griegos, tarsos de la hoy España sureña y oriental, chipriotas y macedonios.

Jam. Tuvo 4 hijos: Kush, Mitsráyim, Fut, y Kenáan. Éstos se establecieron en la hoy África y Arabia Sur-oriental. De éstos descienden los siguientes pueblos: kushitas (etiopes), sabeos, árabes orientales y occidentales, africanos nororientales, habitantes de la llanura de Sinar (de Nimrod), egipcios, filisteos, kenaanitas, cretenses, sidonios, hetitas, yebusitas, emoritas, guirgashitas, hiwitas, arkhitas, sinitas, arvaditas, zimaritas, y amatitas (los últimos 11 habitaban la tierra de Kenáan).

Shem. Tuvo 5 hijos: Elám, Azur, Arpaxád, Lud, y Aram. Éstos se establecieron en el Asia superior y media. De éstos descienden: persas, asirios, hebereos o habiru (de Héber), árabes primitivos, árabes centrales y sureños, lidios, sirios, mesopotámicos, edomitas, palestinos norteños, armenios orientales, y asirios norteños.

Es digno de recalcarse que los árabes, los sirios, los asirios, etc. Son todos pueblos semitas. Así que técnicamente, el término “antisemitismo” con referencia al odio hacia los judíos, no es correcto; lo correcto es “sentimiento antijudío,” o “judeofobia.” Pero de entre todos esos pueblos semitas, descendientes de Shem, el que nos interesa en este estudio es el pueblo que descendió de Héber, los hebreos (debería decirse “hebereos” pero el nombre se acortó por apócope).

Héber, nieto de Shem, fue el segundo hijo de Arpaxád. De sus descendientes se dice poco en la historia. De Péleg, el tercer hijo de Arpaxád, descienden Téraj y su hijo Abrahám. Y de Abrahám descienden los israelitas a través de su hijo Yaakób (Israel). De manera que, según los historiadores y antropólogos, hubo tribus heberitas o hebreas, que se establecieron en la tierra de Kenáan y otras tierras, aparte de las tribus arameas que descienden de Aram, a través de sus hijos: Luz, Hul, Guéter, y Mash, que se establecieron en Siria, Mesopotamia, Arabia sureña, Armenia oriental, y Asiria norteña.

Es importante captar esto porque cuando en la Escritura se le llama “arameo” ( ... )a Abraham no se refiere a su origen genealógico como si descendiera de Aram sino a su origen nacional como que proviene de la tierra de Aram. Abraham era arameo porque nació en Aram y era habitante de Aram, pero genealógicamente era hebreo porque desciende de Héber, y no de Aram.

La historia del pueblo israelita comienza básicamente con el hebreo Abraham, por los años 2000 a 1550 antes del Mesías. En ese tiempo hubo una migración hacia la tierra de Kenáan de unas tribus hebreas de nacionalidad aramea, seminómadas, entre las que se encontraban los antepasados de Israel. De todas esas tribus hebreas que han quedado anónimas para la historia, salió del anonimato un clan llamado por Yahwéh, el clan de Téraj, padre de Abram (Ab = padre; ram = pequeño), más tarde llamado Abrahám (Ab = padre; ra = grande; ham = multitud).

Pero la historia de Israel, a partir de Abrahám, la conoce prácticamente todo el mundo. En este escrito queremos abundar, no en la historia, sino en la prehistoria de Israel, los anales de las tribus hebreas anteriores a Abraham. Comienzo con una cita del gran historiador John Bright, en su libro La Historia de Israel.

“A nosotros, que vivimos en los tiempos actuales, nos parece realmente muy lejano el segundo milenio antes del Mesías. Estamos tentados a imaginarlo como cayendo en el fondo último del tiempo, cuando el primer hombre luchaba por salir de la barbarie a la luz de la historia, y estamos, por lo tanto, inclinados a desestimar sus logros culturales. Estamos más inclinados aún a pintar a los antepasados hebreos, vagabundos habitantes de tiendas, como los más primitivos nómadas, separados por su modo de vida del contacto con toda cultura entonces existente, y cuya religión ofrecía la más cruda especie de animismo o polidemonismo. Así los pintan, de hecho, muchos de los antiguos manuales. Esto, sin embargo, es una noción errónea y un síntoma de falta de perspectiva, una herencia de los días en que eran escasos los conocimientos del antiguo Oriente. Es necesario, por consiguiente, colocar el cuadro dentro de su marco.”  (Bright, Página 27)

“Las inscripciones descifrables más antiguas, tanto en Egipto como en Mesopotamia, se remontan a los primeros siglos del tercer milenio antes del Mesías, es decir, aproximadamente unos mil años antes de Abraham, y mil quinientos años antes de Moisés.” (Bright, Página 28)

De manera que, antes de que existieran Abraham y Moisés ya existía el pueblo hebreo, o mejor dicho, los pueblos hebreos, porque eran varios; Israel es uno de esos pueblos hebreos.

Para subrayar la importancia de la civilización de aquellas tribus hebreas que habitaban la Mesopotamia en aquellos oscuros tiempos de la prehistoria, continúa diciendo el historiador:

“Ni Egipto ni Palestina ofrecen en este periodo nada que se pueda comparar con la sombrosa civilización de la Mesopotamia predinástica.” (Bright, Página 35).

Y prosigue en las páginas subsiguientes a describir con lujo de detalles los pormenores de aquella estupenda civilización hebreo-aramea, especialmente del pueblo semita llamado “los acadios.” Y en la siguiente cita histórica el autor nos ofrece la explicación de por qué aquellos pueblos hebreos, uno de los cuales eran los acadios, perdieron la adoración antigua de Yahwéh que heredaron de Nóaj:

“Los sumerios no fueron, de todas formas, el único pueblo que habitaba Mesopotamia; había también una población semita. Estos semitas son conocidos como acadios... Estos semitas abrazaron la cultura sumeria en todo lo esencial y la adaptaron a sí mismos. Aunque hablaban una lengua semítica (acádico) enteramente diferente de la sumeria, empleaban la escritura silábica cuneiforme para escribirla; los textos en acádico se remontan hasta mediados del tercer milenio. También adoptaron el panteón sumerio, aunque añadieron dioses propios y aplicaron nombres semitas a otros.” (Bright, Páginas 40 y 41).

 Y mientras los hebreos, arameos y acadios habitaban la Mesopotamia en aquellos antiguos siglos, ¿quiénes habitaban la tierra que hoy se llama Tierra de Israel?

“La población existente, o al menos predominante, de Palestina y Fenicia en este período fue cananea... Su lengua fue antecesora de la hablada por los cananeos de los tiempos israelitas y de la cual el hebreo bíblico fue un dialecto... Los nombres de las más antiguas poblaciones conocidas por nosotros son uniformemente semitas” (Bright, Página 45)

¡Sorpresa! ¿Notaron eso? El hebreo bíblico es un dialecto de la lengua cananea antigua. Es importante aprender a leer entre líneas. Lo que nos enseña esa cita histórica, entre líneas, es que los antiguos cananeos preservaron la lengua de su progenitor, Canaán (Kenáan), el hijo de Jam, hijo de Nóaj. ¿Y de quién heredó su idioma Canaán? ¡Pues de su padre Jam y su abuelo Nóaj! Por lo tanto, los descendientes de Jam preservaron el idioma original de la humanidad, que era una forma primigenia del posterior hebreo, mientras que los descendientes de Héber, los hebreos, perdieron su idioma original cuando se asimilaron culturalmente a la civilización sumeria en Mesopotamia, que hablaba otro idioma, el arameo, (entre otros idiomas semíticos) que era descendiente también del idioma original.

De manera que cuando el hebreo Abraham, que hablaba arameo por haberse criado en la cultura aramea de Mesopotamia, llegó a la tierra de Kenáan, allí fue donde adoptó el idioma “hebereo” antiguo que se hablaba en esa tierra, y del cual, con modificaciones y mezcla de arameo, desciende el hebreo bíblico, del cual, con modificaciones, desciende el hebreo moderno. ¿Se capta?

Así que el idioma hebreo (ibrít), en su forma primigenia, nos fue preservado y transmitido desde los tiempos de Nóaj por medio de los descendientes de Kenáan, asentados en lo que se llamó más tarde Palestina, y actualmente Érets Yisrael. Las tribus hebreas que conquistaron la tierra de Kenáan bajo el caudillo hebreo Yahoshúa (Josué), después de haber perdido su idioma original en Mesopotamia, lo aprendieron nuevamente en la tierra de Kenáan.

 

De la Prehistoria a la Historia

 

Saliendo ya de la prehistoria, pasamos a la historia del pueblo hebreo, a principios del segundo milenio, 2000 – 1550 antes de la Era Común, donde comienza a destacarse aquel sector del pueblo hebreo que llegó a llamarse Israel. De paso, acotamos que en aquel  tiempo todos los israelitas eran hebreos pero no todos los hebreos eran israelitas, porque hubo, aun los tiempos de Moshé y Yahoshúa, varias tribus hebreas no conectadas con los israelitas. Pero hoy día no es así. Siendo que aquellas antiguas tribus hebreas desaparecieron o se asimilaron, el único pueblo hebreo que queda reconocible es el pueblo de Israel.

Hablando de Ur Kasdím (Ur de los caldeos), la ciudad donde vivía Abraham en Mesopotamia antes de emprender viaje hacia la tierra prometida, la historia nos dice de Ur que “su población durante el segundo milenio fue predominantemente de semitas del noroeste (amorreos), de la misma raza que los antepasados de Israel.” (Bright, página 56)

Esta afirmación es interesante, pues no es un dato muy conocido que los famosos amorreos que fueron exterminados en la tierra de Kenáan bajo el mando de Yahoshúa, eran parientes de sangre del pueblo hebreo. Muchos saben sin embargo que los faraones que gobernaban en el tiempo de Yosef (José) el hijo de Jacob, eran del pueblo hikso, del cual dice la historia: “Podemos juzgar de los hicsos que eran predominantemente de la estirpe de los semitas noroccidentales.” (Bright, página 66).

El conocimiento de que nuestros Patriarcas vivieron y se desenvolvieron en un entorno semita en el que dominaban en sucesión pueblos como los amorreos, hiksos, y hurritas, nos ayuda a entender las costumbres patriarcales que se reflejan en las Escrituras Hebreas y que se dan como correctas en el contexto de aquellas culturas semíticas. Un ejemplo de esto es el caso de Abraham y sus dos mujeres, Saráh y Jagár. Los textos de Nuzi, anteriores al famoso Código de Hammurabi, arrojan mucha luz sobre esto. Nos dice la historia:

“Los textos de Nuzi iluminan un cierto número de incidentes de otro modo inexplicables. Por ejemplo, el temor de Abraham (Gén. 15:1-4) de que su esclavo Eliecer llegara a ser su heredero, se entiende a la luz de la adopción de un esclavo, tal como se practicaba en Nuzi. Los matrimonios sin hijos podían adoptar un hijo, que les debía servir durante toda su vida y heredarles a su muerte. Pero si nacía un hijo natural, el adoptado tenía que devolver el derecho de la herencia. De igual modo en el caso de Sara, que dio su esclava Agar a Abraham como concubina (Gén. 16:2-4), algunos contratos matrimoniales de Nuzi obligaban a la esposa, si no tenía hijos, a proporcionarle una sustituya a su marido. Si de tal unión nacía un hijo, la ley de Nuzi prohibía la expulsión de la esclava y de su hijo, lo cual explica la repugnancia de Abraham a expulsar a Agar e Ismael (21:10). Para [entender] las narraciones de Labán-Jacob son particularmente iluminadores los textos de Nuzi... Las costumbres patriarcales están, en efecto, mucho más cercanas a la práctica de Mesopotamia del segundo milenio que a la del Israel posterior.” (Bright, página 85).

Veamos varias citas históricas especialmente importantes sobre los antepasados del pueblo hebreo:

“Los antepasados de Israel, aunque predominantemente de raza semita del noroeste, fueron, sin duda, una mezcla de muchas estirpes. El reconocimiento de este hecho está reflejado en la misma Biblia, que acentúa el parentesco de Israel no solamente con Moab, Amón y Edom  (Gén. 19:30-38; 36), sino también con numerosas tribus árabes, incluyendo Madián (25:1-5, 12-18). En todo caso, los hebreos sintieron una fuerte atracción por el parentesco con los arameos... En el cap. 10:21-31 los arameos son descendientes de Sem a través de una línea paralela a la de Éber, el tradicional antepasado de los hebreos, mientras que en 22:20-24 arameos y caldeos son descendientes de Najor, hermano de Abraham. Pero la tradición es muy antigua; los hombres tribales del primitivo Israel tenían una confesión cúltica que comenzaba (Deut. 26:5): “Un arameo errante fue mi padre”.” (Bright, página 96)

“Lo probable es que el nombre de ‘amorreos’, es decir ‘occidentales,’ fuera entonces una designación acádica para los diversos pueblos semíticos del noroeste de la alta Mesopotamia y Siria, de los que descendieron tanto los hebreos como los arameos posteriores... Podemos suponer que los antepasados de Israel provenían de este tronco general étnico y lingüístico.” (Bright, página 97).

“Los antepasados de Israel llegaron a Palestina en varias oleadas, durante cierto periodo de tiempo... La lengua de los patriarcas fue originalmente un dialecto arameo, como lo continuó siendo la de Labán (Gén. 31:47); pero como se fueron debilitando los lazos con la tierra de origen, asimilaron el lenguaje cananeo, del que el hebreo al igual que el moabita son un dialecto.” (Bright, página 97).

Ahora, un par de citas sobre “la religión de los Patriarcas.”

“Según uno de los documentos [del Génesis], el Dios de los patriarcas no fue otro que Yahvéh. No sólo llamó a Abraham de Jarán (Gén. 12:1), y conversó con todos los patriarcas, sino que fue adorado por los hombres desde tiempos antiquísimos (Gén. 4:26)... En todo caso, todas las narraciones concuerdan en que los patriarcas adoraron a Dios bajo diversos nombres: El Shadday (Exo. 6:3; Gén. 17:1, 43); El’Elyón (Gén. 14:18-24), El ‘Olam (Gén. 21:33); El Roí (Gén. 16:13); Yahvéh Yiréh (Gén. 22:14); El Betel (Gén. 31:13; 35:7).” ... Todas las narraciones patriarcales fueron escritas desde el punto de vista de una teología yahvista, por hombres que fueron adoradores de Yahvéh.” (Ídem, página 103).

Pero sobre la adoración Yahwista de los patriarcas hemos escrito ya antes. Prosigamos con el tema del elemento mixto del antiguo Israel. Hablando todavía de los tiempos antes de Moisés, nos dice la historia:

“Los cananeos son el pueblo semita del noroeste que se encuentra en Palestina y Siria a lo largo de los tiempos históricos... La población pre-israelita no fue, por tanto, diferente del mismo Israel en raza y lenguaje.” (Bright, página 123)

Hablando del pueblo hebreo que salió de Egipto con Moshé, nos dice el historiador:

“Por otra parte, ellos mismos eran un grupo mixto, de ningún modo descendientes todos ellos de Jacob. Había allí (Exo. 12:38; Núm. 11:4) una “compleja multitud,” una “chusma”; por implicación, su número era considerable. Se trata probablemente de esclavos fugitivos, quizás ‘apiru, e incluso hasta egipcios (Lev. 24:10) ... Había también sangre madianita. ... El suegro de Moisés era un madianita (Núm. 10:29-32) ... Por otra parte, Caleb, figura eminente en la tradición ... , lo mismo que Otoniel..., es llamado kenizita, es decir, perteneciente a un clan edomita. Aunque no eran judíos, los calebitas llegaron a ser reconocidos como de aquella tribu en medio de la cual se habían establecido (Jos. 15:13). Las pruebas no se agotan en esto. Pero bastan para mostrar que Israel, en el desierto, fue una fusión de grupos de origen diverso, algunos de los cuales no procedían de Egipto ni de Sinaí, pero que, podemos decir, se hicieron conversos.” (Bright, página 139).

“Aún hay pruebas de que algunos componentes de Israel habían existido en Palestina antes de que tuviese lugar la conquista [por Josué]. ... No podemos dudar, por lo tanto, que Israel absorbió un pueblo consanguíneo, ya presente en el país, y que no había participado ni en el éxodo ni en la conquista. .. Además de esto existen pruebas de que varios grupos penetraron en Palestina independientemente de la conquista principal, y fueron absorbidos por Israel. ... Esto no agota las pruebas. Pero ya se ha dicho lo suficiente para señalar la complejidad del problema con el que nos tenemos que enfrentar, y prevenirnos contra una excesiva simplificación. Israel llegó a la existencia a través de un proceso sumamente complejo. La estructura de sus clanes se fue completando con linajes de origen diverso, y no podemos dudar que encontró su forma constitutiva solamente después de su establecimiento en Palestina.” (Bright, página 141).

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El ejemplo clásico de lo que se está diciendo es el caso de Rut, la moabita que se casó con Bóaz el judío de Betléhem, de quienes descendió el gran Rey David. Por eso en el canto hebreo “Lekhá dodí” que se canta entre los hebreos para recibir el Shabát, se le llama al Mesías “el Betlehemita” (de Betléhem).

¿Y –pregunto yo– quién fue el más grande que ha nacido en Betléhem?

Esto es todo por ahora sobre el pueblo hebreo. Finalmente, el que sepa leer, que lea, y saque el lector sus conclusiones.

 

 

—Yosef Aharoni

 

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